martes, 12 de abril de 2011

IBIZA - Estoy en camino

He conseguido madrugar para ultimar la preparación y organización de ropa y bártulos en la mochila, y lo he hecho con una calma caribeña. Esa misma noche se había organizado una fiesta por el cumpleaños de Bego, y no quería exigir a mi cuerpo más de lo que iba a soportar.
Bilbao estaba cubierto, pero no me ha desmotivado; yo solo esperaba montarme en el primer transporte de mi viaje, el bus que me acercaría al aeropuerto de Santander. Aquí he cogido el primer vuelo de cuatro planeados, no sin antes haber llenado el estomago con un buen pepito de pollo con queso.
En este aeropuerto también he empezado a leer el libro que hace dos años tomé como relevo a quien quiera que lo dejó en el aeropuerto de Atenas: "The Art of Happiness al Work" de el Dalai Lama y un tal Howard C. Cutler.
El vuelo ha sido corto y tranquilo, aunque se han notado bastantes turbulencias (todavía no estoy muy acostumbrado a despegarme del suelo). He llegado a Barcelona, y he sido apabullado por mi entrada a la terminal del aeropuerto. Tan enorme, sobre todo después de haber estado en el de Santander.

Estaba bastante perdido, pero poco a poco me he ido fiando de las señales, y he ido llegando a la salida. En el punto de información, he preguntado por la Sagrada Familia, y me lo han indicado muy correcta y amablemente. Hacia las 6 de la tarde ya había cogido un tren al centro de Barna. He salido por la boca del metro a una calle abarrotada de gente, cada cual con su destino y forma de andar. He mirado a mi alrededor y no he visto ningún imponente edificio, hasta que me he girado 180º, y ahí estaba. Esos picos dominantes que se me echaban encima. He rodeado la magnífica y opulenta obra de arte inacabada, y luego he llamado a mi hermana, que de pura casualidad, estaba con una amiga suya que conoce bien la ciudad.
Ella me ha dado unos consejos y pronto he vuelto al subsuelo, donde he ido aprendiendo a moverme por ese basto entresijo de lineas de metro, cada una con su color. He aparecido en La Rambla donde la marea de gente en movimiento, me ha incitado a continuar descendiendo hacia el puerto, haciendo todas las paradas para observar a los artistas llenos de talento y energía.
Tras otro repostaje para mi barriga, he continuado poco a poco en dirección al mar. He comprado una carterita de colores y con el símbolo , que me ha llamado la atención en un puestillo.

Ya estaba empezando a sentir cansancio, y he vuelto al aeropuerto donde me he relajado un poco, y luego he estado tumbado una buena hora en un banco a la intemperie, pensando y pensando. He vuelto a la terminal, y ahora estoy tumbado sobre la esterilla y pronto iré dando paso al sueño, no sin antes leer un poco del Dalai Lama.
Mañana empieza el camino, y no pudiendo ser de otra manera, madrugando y con los nervios haciéndome rescatar una sonrisa en mi rostro.
¡Hasta mañana!


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