jueves, 21 de enero de 2010

Justificar la muerte

Y ahí está toda esa gente. Son libres, pero ellos creen que no, y al pensar de esa manera, realmente dejan de serlo. No tienen las cosas del todo claras, ¿quién les introdujo esas ideas en la cabeza? Si realmente creen en su lucha, es una incógnita, ellos tampoco lo saben. No conocen el pasado, y sin embargo, defienden algo que en verdad no han vivido. Y lo hacen de una manera ciertamente vergonzosa: el terror.
Aquellos que apoyen a un asesino estarán en el dedo que aprieta el gatillo. Y no les tiembla la voz un instante cuando en un conjunto alarido justifican las muertes desencadenadas por unos oscuros y confusos ideales. No comprenden, no sienten, no valoran la vida.
A pesar de esto, se autodenominan liberales, se ponen esa etiqueta de mentes abiertas (cuando son justamente lo contrario), de ecologistas, de defensores de los derechos humanos y de los animales, de la repulsa a la tortura y a la pena de muerte, de contrarios a la guerra...
Se resguardan tras esa máscara de "personas con criterio ético y moral", cuando uno de sus principios más importantes, la vida, se contradice. Por una parte son asesinos al respaldar atentados, y por otra parte, dicen ser contrarios a la pena de muerte o la guerra.
Sería bueno que esta gente viviera más intensamente, y se preocupara menos por esas paranoias en las que se ven oprimidos.

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